El Verano según Arcimboldo

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Como este verano está siendo un poco peculiar en cuanto al tiempo que está haciendo, qué mejor que dar una visión peculiar de esta estación a través del pintor Arcimboldo.

Este pintor, catalogado como manierista italiano, realizó Alegorías de las Estaciones y otras series de similar tratamiento, de una manera más bien excéntrica e inapropiada para la época en la que vivió. Y es de extrañar que fuera anteriormente pintor de vidrieras con su padre y pintor de Corte en Praga.

Muy interesado por la obra de El Bosco, Brueghel o Cranach, que ya habían representado figuras de monstruos u otras raras fantasías, y acompañado de las nuevas visiones que el Manierismo estaba aportando en la época, dieron un giro de 180º en su visión realista tradicional y fue hasta considerado de loco y de extravagante. Su pintura no fue analizada como obra artística hasta la llegada de los surrealistas, que concedieron gran valor al juego visual de sus composiciones y al carácter grotesco de sus alegorías. Aunque como contrapunto hay que anotar que pintó varias series de estas Alegorías, lo que quiere decir que sí que era considerado por la nobleza de la época.

Comenzó a trabajar en “Las Estaciones”, una serie de 4 pinturas en donde se retrata a sí mismo a partir de diferentes elementos. Destaco El Verano (1573) al ser la estación en la que nos encontramos actualmente.

Se trata de su autorretrato compuesto por cerezas, guisantes, espigas, peras y un hermoso calabacín como nariz. Frutas, verduras y cereales propios de la estación. Y, orgulloso de su obra, firma en grande (aunque semioculto, como si fuera otro juego visual para el espectador) en el cuello del retratado y estampa la fecha de realización en su hombro.

Si ves de lejos el cuadro, no distingues los objetos con los que está formado. Parecen retratos realistas. Según te vas acercando, te sumerges en las agrupaciones de animales, flores, frutas y toda clase de objetos que utiliza en cada una de sus obras.

Este cuadro se encuentra ubicado en el Museo Kunsthistorisches Viena, en cuál conserva gran parte de su obra pictórica. Pero en Madrid podemos también disfrutar en vivo y directo de este juego visual en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, que conserva el único cuadro del artista en España.

Apunte, boceto, lápiz y carboncillo: los inicios de un cuadro.

Antes de lanzarnos a pintar sin más, debemos realizar un estudio preliminar de lo que queremos representar. Este estudio permite encajar correctamente la imagen en el marco, proporcionar los elementos de la imagen y aclarar las ideas a base de probar, borrar, probar y volver a borrar hasta que lo tenemos claro.

Para realizar este estudio, debemos realizar apuntes y bocetos:

APUNTE: el primer paso que debemos dar es coger un apunte, que son los trazos básicos que cogemos a mano alzada y que serán un recordatorio de las formas y su posición en el marco. Son los rasgos esenciales de la imagen. Si estás representado una imagen del natural, tienes que ser consciente del área que vas a pintar. Deberás acotar visualmente los objetos a plasmar en el lienzo, mucho más variables que si intentas representar una imagen de una fotografía. En este último caso, es más fácil su encaje al cerrar los límites de la imagen, y puedes ayudarte de las medidas del papel para centrar todos sus elementos.

BOCETO: continuación del trabajo sobre el apunte. El dibujo adquiere ya un grado de detalle mayor. Podemos profundizar en las perspectivas, en las figuras que centran la imagen y difuminar las secundarias, detallar sombras o remarcar límites. Muchos prefieren ir directamente a esta parte del estudio sin pasar por el apunte, pero recomiendo dar el primer paso como guía lineal.

La diferencia entre uno y otro podéis verla aquí:
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Estos 2 pasos nos sirven tanto para dibujar sobre papel como para pintar sobre lienzo. En mi caso continuo la explicación sobre el segundo caso.

Una vez que tenemos claro estos 2 conceptos, vamos a ver los materiales con los que realizamos estos esquemas.

LAPIZ: siempre que vayamos a hacer bocetos con este material, hay que elegir entre lapiceros duros (H= hard) y blandos (B = black). Los lápices se dividen en grados o graduaciones según su dureza u oscuridad. Un lápiz más duro produce un tono más claro en el papel, mientras que un lápiz más suave produce un tono más oscuro. Los primeros los utilizaríamos para el apunte, fácil de borrar, y los segundos para el boceto y continuación del proceso de dibujo sobre papel, realizando más detalles y sombras. Para el lienzo el B nos ayuda a definir los tonos más oscuros y lo que será totalmente negro.

CARBONCILLO: es el material más antiguo y el más utilizado para realizar bocetos. Mancha con facilidad y proporciona trazos amplios y la posibilidad de cubrir grandes superficies, a la vez que es muy útil para realizar el estudio de la luz. Es una rama carbonizada de vid, sauce, encina, abedul o brezo que es seleccionada para que no tenga nudos y después se combustiona casi sin oxigeno para que no arda, hasta que se convierte en un carbón blando y suave, casi un polvo. El carbón así preparado no tiene diferentes durezas como los lápices, el tono siempre es el mismo, lo que si cambia es el grosor del carbón que puede usarse para diferentes funciones. También depende de la fuerza con la que lo apliques.

La preferencia por el lápiz o carboncillo depende del artista. Hay quien hace ambos estudios con el lápiz, y los hay que utilizan solo el segundo o la combinación de ambos. Personalmente, cuando realizo el estudio previo de la imagen, utilizo el lápiz porque me parece más limpio y me permite borrar mejor. No necesito fijación como lo hace el carboncillo. Ya que es prácticamente polvo, necesita ser fijado en el lienzo con spray para que luego no manche el color que vayamos a aplicar.

Pero también cuento con la desventaja de que la línea del lápiz es más difícil de ocultar, a no ser que incidas sobre ella con mucho empaste. Esto lo iréis viendo con la práctica y trabajareis con vuestros gustos particulares.

Espero que están nociones básicas os ayuden a continuar y/o perfeccionar vuestros proyectos.

Reabre sus puertas el Museo Mauritshuis

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Tras 2 años de reformas para su ampliación y remodelación, el Museo Mauritshuis de La Haya abre sus puertas, permitiendo que volvamos a descubrir su maravillosa colección pictórica.

El museo cuenta con joyas del arte holandés, en la que destacamos la figura de Vermeer y su cuadro fetiche, “La joven de la perla”.

Este óleo, realizado en 1665, representa la figura de una bella mujer de la que desconocemos su identidad. Por ello es considerada como “la Mona Lisa Holandesa”. Su fama traspasó las paredes del museo gracias a la novela de Tracy Chevalier, quien en 1999 publicó la novela La Joven de la Perla. Convertida en bestseller, sirvió de argumento para la película de igual nombre dirigida por Peter Webber y protagonizada por una Scarlett Johansson de la que llegó a decirse que era tan parecida a la protagonista del cuadro, que parecía haber sido la modelo original.

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Dejando de lado literatura y cine, hay que reconocer que la pintura es una obra maestra. Podemos ver en una sola mirada la influencia de Caravaggio en el potente claroscuro que realza el rostro y perla, los bellos tonos de los ropajes ocres y azules al estilo de Tiziano, y la seducción del rostro de la Gioconda de Leonardo. La mujer mira al espectador de perfil y entreabre su boca, que da sensualidad por un lado y elimina la barrera de cara al espectador, como si quisiera entablar una conversación con él. La maestría que demuestra el pintor holandés para dar forma a la perla la hace protagonista, puesto que se limitó a realizar un sólo trazo en blanco sobre un fondo negro. Junto a la perla, la esencia del cuadro es la mirada de la joven, de una gran potencia expresiva.

El fondo oscuro, neutral, refuerza la plasticidad del rostro y realza el efecto tridimensional de la figura que, junto a una composición geométrica, simple y equilibrada contribuyen a la unidad del conjunto.

Esta obra demuestra que Vermeer era mucho más que un pintor de escenas de género de la vida cotidiana a pequeña escala, en donde ha sido reconocido como “maestro de la luz holandesa”.

Self-portrait, nueva exposición del Colectivo Azul

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Del 17 al 29 de junio, en el Euskal Etxea de la c/ Jovellanos, 3, tendrá lugar la próxima exposición del Colectivo Azul, colectivo al que pertenezco desde hace 3 años, y del que ya os he hablado en otras ocasiones.

Cuando nuestro profesor, Guillermo Granero, nos planteó el tema de esta exposición, no podíamos creérnoslo. Un autorretrato, algo que asusta a cualquier aficionado a la pintura con solo pronunciarlo. Porque, ¿cómo te planteas plasmarte a ti mismo en un lienzo? ¿me reconocerán? ¿me reconoceré yo misma? Las dudas surgen desde que intentas visualizarte a tí mismo y el concepto que tienes o quieres mostrar al espectador. Visualizas los grandes autorretratos de la Historia del Arte, obras míticas y admiradas como las de Van Gogh, Picasso, Durero, Frida Kahlo, Velázquez… y quedas admirado por sus obras.

Lo realmente sorprendente y gratificante han sido los resultados finales. Tras unas semanas de meditación personal y guiadas por Guillermo, todos encontramos lo que deseábamos presentar. Y de las 57 personas que expondremos en el Hogar Vasco de Madrid, ninguna es igual a la otra. 57 versiones de un autorretrato ¿cómo es posible? 57 conceptos diferentes, ningún cuadro se parece, porque todos somos diferentes. Y esto es lo que podréis observar si acudís a ver la exposición, 57 personas diferentes que sólo tienen en común la medida del soporte en el que plasmamos nuestra identidad, 50×50. Veréis realismo, expresionismo, arte conceptual, pop art, pero también veréis variedad de técnicas como óleo, acrílico, grafito, collage, texturas, arenas, barnices… un abanico de posibilidades que abrirán los ojos a cualquier aficionado, haciendo volar su imaginación. Porque el retrato no es solo realismo, es expresión, introspección y plasmación de tu sensibilidad. Tal vez un objeto, una fotografía o una tela, dicen más de uno mismo que su propio rostro.

Así que espero que la muestra os guste y, a parte de reconocer a vuestros amigos o familiares, podáis descubrir lo que queremos deciros y comprobar, si realmente, hemos acertado.

Os dejo mi autorretrato.

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